Amores correctos

Acto único.

Escena única.

(SUBE EL TELÓN)

El escenario se va iluminando lentamente. Se ve una abigarrada multitud formada por todo tipo de gentes, una diversidad radicalmente inclusiva. Van vestidas y vestidos con trajes de flamenco en diferentes modalidades: sombreros o flores en la cabeza, camisas blancas y talles ceñidos, faldas con volantes y lunares, pantalones negros ajustados…

Un hombre sale taconeando al centro del escenario y canta con mucho sentimiento:

Dicen que la del Rocío
es virgen muy milagrera.
Le puse un millón de velas
y no logré que me quieras.

El coro de hombres heterosexuales le responde, entonando el estribillo de la canción:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor, qué alboroto!
Yo enamorado de ti
y tú colgada de otro.

El hombre se retira y una mujer ocupa su lugar. Se marca un zapateado, imitando la ráfaga de una ametralladora, y rompe luego a cantar:

Ya ves que estamos aquí,
intentando ser felices.
¡Que se gradúe la vista
quien nos pretenda invisibles!

Mientras ella vuelve al grupo, el coro de mujeres lesbianas canta:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor que alborota!
Yo enamorada de ti,
y tú colgada de otra.

Sale al centro una persona con cuerpo no normativo. Mueve con agilidad sus carnes generosas y baila con mucho arte. Cuando se detiene, entona:

La dimensión del deseo
crece conforme a la forma.
No sabes lo que te pierdes
por tu estrecha gordofobia.

Le da réplica el coro de personas con cuerpos no normativos. Son gentes muy diversas, incluyendo a algunas que -por desconocimiento, seguramente- se ajustan estrictamente a la norma, según la opinión de otras. Acoplan sus voces a la perfección. Bifurcan las terminaciones en las palabras necesarias, ensamblándolas en un eco estereofónico. La letra no llega nítida, pero tampoco queda mal:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor, qué (que) alboroto(a)!
Yo enamorado(a) de ti
y tú colgado(a) de otro(a)

Sale al centro una anciana de muy avanzada edad, una persona mayor, en consecuencia. Camina con lentitud por el escenario, saludando al público y lanzando besos al aire. Se aclara la garganta y rompe a cantar:

Me llevó toda la vida
el quehacer de olvidarte,
hasta que llegó el alzhéimer
y te olvidó de mi parte.

A pesar de sus edades provectas, el coro de personas mayores tiene muy trabajado el estribillo y, al igual que en el caso anterior, consigue empastar adecuadamente las diferentes terminaciones en las palabras requeridas:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor que (, qué) alborota (o)!
Yo enamorada(o) de ti
y tú colgada(o) de otra(o)

Sale un-a nuevo-a solista. Lleva un sombrero flamenco decorado con una rosa roja, una camisa blanca con chaleco de volantes coloridos, pantalones negros unidos por la parte de atrás a una larguísima falda de cola. Se coloca en mitad del escenario y se arranca a cantar:

Hemos venido a este mundo
a romper las etiquetas:
si te apuntas a este grupo
puedes ponerte la nuestra.

El coro de personas no-binarias le contesta:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor, qué alborote!
Yo enamorade de ti
y tú colgade de otre.

Prosigue la velada. Van tomando la voz cantante personas de toda raza, edad, condición, características físicas u orientación sexual: cisgéneros y transgéneros, no-binarias, de género fluido, monógamos-as, polígamos-as, poliamorosos-as, heteros, homosexuales, bisexuales, intersexuales, asexuales, pansexuales, autosexuales y un inagotable etcétera.

Como la función se alarga y amenaza con no tener fin, alguien -adornado/a/e por una extraordinaria mezcla de atributos- se decide a tomar las riendas. Se adelanta al borde del escenario taconeando con suma energía mientras se suelta en un canto rítmico:

¡Y todo lo demás!
¡Y todo lo demás!
¡MÁS! ¡MÁS! ¡MÁS!
¡MÁS! ¡MÁS! ¡MÁS!

En respuesta, la multitud diversa se apiña. Está perfectamente ensayado. Sustituyen las sílabas finales de las palabras en conflicto por palmadas. Todas, todes y todos cantan a una:

¡Ay el amor, el amor!
¡Ay el amor, qué alboroto!
Yo enamora(plas) de ti
y tú colga(plas) de otr(plas).

Siguen repitiendo el estribillo, cantando cada vez más bajo, mientras se va atenuando la luz del escenario, hasta llegar al silencio y la oscuridad totales.

(CAE EL TELÓN)

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