No sé vivir sin las olas, sin el flujo de los mares, sin la espuma que un segundo resplandece y se disuelve. No sé vivir sin el viento, sin nubes en remolino, sin los cielos en mudanza.
Necesito el transitar de las corrientes marinas, la incertidumbre en la luz, la negación de lo quieto. Eternas acometidas, alteración de paisajes, permutas en los colores, los ciclos estacionarios, la muda del universo.
No sé vivir sin el pulso del tiempo que nos recuerda que no hay vida en una idea cerrada y en blanco y negro. Sin el latir de la duda, agoniza el pensamiento.
Hermoso poema, Javier. 💚💚💚💚
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