Vivir sin olas



No sé vivir sin las olas,
sin el flujo de los mares,
sin la espuma que un segundo
resplandece y se disuelve.
No sé vivir sin el viento,
sin nubes en remolino,
sin los cielos en mudanza.

Necesito el transitar
de las corrientes marinas,
la incertidumbre en la luz,
la negación de lo quieto.
Eternas acometidas,
alteración de paisajes,
permutas en los colores,
los ciclos estacionarios,
la muda del universo.

No sé vivir sin el pulso
del tiempo que nos recuerda
que no hay vida en una idea
cerrada y en blanco y negro.
Sin el latir de la duda,
agoniza el pensamiento.

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