Repensar la guerra

Arde el Sahel, y las llamas alcanzan Burkina Faso, Mauritania, Senegal, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Etiopía o Eritrea. Continúan los conflictos armados -o sus rescoldos- en Afganistán, Siria, Yemen, Somalia, República Democrática del Congo, Myanmar o Colombia. La guerra en Ucrania y la masacre de Oriente Medio tienen la peligrosa y común característica de que uno de los contendientes (Rusia e Israel) posee armamento nuclear.

Según los datos recopilados por Our World in Data, salvo algún repunte en ciertas décadas, las muertes en conflictos armados se venían reduciendo en todo el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 2012, por el contrario, con el estallido de guerras civiles en Medio Oriente y especialmente en los últimos años con Ucrania, el Cáucaso y el recrudecimiento del conflicto entre israelíes y palestinos, se invierte la tendencia y la cifras de víctimas aumenta.

En el último Índice de Paz Global elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz se recoge que actualmente hay un total de 56 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial, nos dicen. La guerra sigue aquí, entre nosotros, y parece incluso que se agrava la amenaza.

Así que, dadas las circunstancias, no cabe duda de que Repensar la guerra1, el nuevo libro de Kepa Bilbao, aborda un tema de rabiosa actualidad.

Que las guerras han acompañado a la humanidad desde el comienzo de su historia es un hecho. Incluso podríamos considerar los periodos pacíficos como de preparación del siguiente conflicto. No es de extrañar que uno de los textos fundacionales de la cultura griega -y de la occidental, por tanto- sea la Ilíada, el poema épico que narra sucesos del décimo y último año de la guerra de Troya.

Y junto al canto a la gloria de los héroes, desde aquellos tiempos lejanos se ha venido desarrollando en paralelo la denuncia de los males de la guerra. En la propia Ilíada, Aquiles llora sus consecuencias cuando muere en combate su amigo Patroclo. Ya en el año 411 a. C., Lisístrata, la comedia de Aristófanes, lanza un dardo pacifista en toda regla, un manifiesto en defensa de las soluciones pacíficas frente a las guerras.

Casi nadie se atreve a poner en duda los males de la guerra. Y, sin embargo, continúa aquí, segando vidas y destruyendo países. ¿Son inevitables las guerras? ¿Debemos resignarnos a su existencia? ¿Se puede ir más allá de lamentar sus males? ¿Existe un pacifismo eficiente? ¿Se podría, al menos, someter las guerras a ciertas normas que limiten su brutalidad? Son preguntas de difícil respuesta. La tarea de Repensar la guerra es compleja donde las haya.

Ni siquiera sobre qué es la guerra y cuál es su naturaleza hay un acuerdo unánime. Kepa Bilbao empieza su libro por abordarlo, analizando las teorías de Carl von Clausewitz. Para Clausewitz la guerra no se limita en exclusiva al plano militar, sino que es un acto de finalidad política en el que se implican gobierno, ejército y población. Sus teorías han tenido una enorme influencia en numerosas escuelas militares, incluyendo a numerosos pensadores marxistas, desde Engels a Ho Chi Minh.

La segunda parte del libro estudia diferentes puntos de vista sobre la guerra justa: algunas pinceladas de clásicos griegos y romanos; las más acabadas posiciones de Agustín de Hipona o Tomás de Aquino; las visiones de teóricos que anuncian la modernidad como Francisco de Vitoria, Maquiavelo o Hugo Grocio… hasta llegar a nuestros días, en los que se detiene en las ideas de Michael Walzer.

Las diversas doctrinas sobre la posibilidad de que una guerra sea justa afectan a tres momentos diferentes: las razones que justificarían declarar la guerra (ius ad bellum); los límites en el empleo de la violencia durante el conflicto (ius in bello); y las condiciones para una paz justa (ius post bellum).

Porque, aun partiendo de considerar un mal la guerra, puede haber circunstancias que la justifiquen como medio de evitar otros males todavía mayores. Entre esas razones se suele incluir la defensa propia ante una agresión, pero también -como hace, por ejemplo, Michael Walzer- otros más controvertidos, como las intervenciones humanitarias para frenar graves violaciones de los derechos humanos o las acciones anticipatorias ante ataques inminentes.

En cualquier caso, la dificultad de valorar la justicia de una guerra aumenta exponencialmente cuando tratamos de aplicar esos criterios a los conflictos concretos, porque todo contendiente acostumbra a justificar sus actos utilizando a su favor ese tipo de argumentos. Por evidentes que sean los datos, a pesar de lo que digan los hechos, jamás se evita la polémica.

La tercera parte de Repensar la guerra está dedicada al realismo y al pacifismo, con especial peso para el pacifismo jurídico.

Para los realistas carece de sentido analizar la guerra desde la ética, porque es una lucha por el poder y en ella no hay amigos ni justicia: solo hay intereses.

El pacifismo señala que la guerra es siempre moralmente rechazable y aspira a erradicarla. Pero a partir de esa coincidencia básica, se abre el abanico de los distintos pacifismos con múltiples discrepancias entre ellos. La crítica al pacifismo absoluto se puede resumir en la siguiente cita de Roberto Bobbio: si todos fueran objetores de conciencia menos uno, ese último podría adueñarse del mundo. La resistencia pacífica solo vale ante un agresor que se autolimite.

El pacifismo jurídico pretende hacer del derecho internacional el instrumento para acabar con las guerras, en una línea que va de Kelsen o Bobbio hasta Ferrajoli y su Constitución de la Tierra.

Kepa Bilbao no propone en Repensar la Guerra fórmulas acabadas para terminar con los conflictos armados. Recoge diferentes puntos de vista, muchas veces enfrentados, y nos advierte, más bien, de la dificultad de la empresa.

La realidad nos demuestra que erradicar la guerra es un objetivo complicado hasta el extremo.

En 1945 se firmó la Carta de las Naciones Unidas. En ella se afirmó la voluntad de preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y se marcó el objetivo de lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz.

Con la Carta de las Naciones Unidas nació, ese mismo año 1945, la Corte Internacional de Justicia, un tribunal creado para resolver las disputas entre Estados y emitir dictámenes sobre cualquier cuestión jurídica que le planteen la Asamblea General, el Consejo de Seguridad o las agencias autorizadas.

A la vista está que ni la voluntad expresada en la Carta, ni la creación del Tribunal han conseguido poner fin a las guerras. Y es que la Corte Internacional de Justicia no tiene capacidad coercitiva y carece de poder efectivo para ejecutar sus sentencias o resoluciones. Además, los países de la ONU con derecho de veto pueden paralizar cualquier decisión de la Corte ejerciéndolo. Y, dado su peso en la escena mundial, raro es el caso en el que alguno de ellos no esté implicado.

También se ha intentado poner normas -las Convenciones de Ginebra- que limiten la crueldad de la guerra. Para juzgar a los acusados de crímenes de genocidio, guerra, agresión o lesa humanidad, en 2002 se creó formalmente la Corte Penal Internacional. Pero su alcance es muy limitado, porque países como Estados Unidos, Rusia, China, India, Israel, Cuba o Irán no han firmado y ratificado el estatuto de la Corte. Sus nacionales, la gran mayoría de la población mundial, están en sus territorios fuera del alcance del tribunal.

La guerra es un arma de la política. La norma es que toda potencia económica acabe siendo también una potencia militar. O viceversa, porque exhibir músculo militar ayuda a ganar posiciones en otros terrenos. Intereses geoestratégicos, ambiciones nacionales, enfrentamientos étnicos y religiosos, la eterna pulsión de destruir al enemigo… Un panorama convulso.

Y es que las buenas intenciones acaban chocando siempre contra los muros de los intereses y del poder.


1. REPENSAR LA GUERRA
Tradición moral, realismo bélico y pacifismo jurídico
Los Libros de la Catarata, 2024

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