Morir en Gaza


Mar de verano,
dormidas olas,
lenta respira la noche en calma.
Los astros rasgan
el cielo negro,
el resplandor encala la playa.
Trazos de espuma
tejen sutiles
lazos de encaje que luce el agua.
Parpadeando
sobre las ondas,
miles y miles de estrellas bailan.
En el espejo,
la loca luna
persigue esquivos peces de plata.
Cantan los grillos,
huele a romero,
reina un intenso perfume de algas.

Susurra el viento.
¿Oyes, mi niño,
su dulce canción entre las cañas?
Duérmete, niño,
cierra los ojos,
¡Siente el arrullo, su tierna nana!
Duerme, mi vida.
Renaceremos
con las primeras luces del alba.
Te lo prometo,
llegará ayuda.
¡Vence a la noche, resiste, aguanta!

Lo siento, madre,
¡Me duele tanto
contradecir tu ciega esperanza…!
Quemé mis carnes.
soy puro hueso,
cuando me duerma… no habrá mañana.
Tiende en la orilla
sábanas blancas.
¡Que el salitre aliñe mi mortaja!
Me desvanezco.
Al fin no sufro.
La oscuridad me lleva en sus alas.
Ya no te veo,
ya no te escucho…
¡Nunca me olvides, mi madre amada!


Traidora noche,
negrura amarga,
tanta belleza y morir en Gaza.

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