Intento ir más allá de las gastadas escisiones -amigo/enemigo; negro/blanco; nosotros/ellos; infierno/paraíso…-, pero no encuentro asidero. ¿Dicen algo las palabras? ¿Enseñan más los silencios?
¡Callamos por tanto tiempo! Levantamos jerarquías. Inventamos los términos magníficos que todo lo permitían cuando se hacía en su nombre.
Cerramos los ojos ante la sangre y la muerte -la más atroz incluida- para no ser confundidos con el odioso enemigo. El monopolio del mal estaba del otro lado, eso creímos un día. ¡Es tan fácil ver la paja en ojo ajeno tan solo!
Y ahora, no hay palabras que mitiguen un daño tan enquistado. Fueron malos esos tiempos, lo sigue siendo el presente. Malos tiempos los que ciegan, los que cierran los resquicios que permiten la piedad.