¿Sabes de dónde venimos? Mira hacia atrás y verás cráneos perforados, quebrados por afiladas piedras. Nos pusimos de pie, observamos la interminable sabana y creímos, sentimos, -no sé si pensamos-, que todo lo que guardaba sería nuestro. Nuestro, solo nuestro, para los nuestros. No consentiríamos que ellos, los otros, nos lo arrebataran. Nosotros, heraldos de la virtud, signo de los nuevos tiempos. Ellos, el enemigo, la encarnación de la maldad universal en sus deformes cuerpos.
¿Sabes de dónde venimos? Mira hacia atrás y verás cascos, armaduras, caballos acorazados, flechas ocultando el sol, espadas sajando las carnes. Alzamos estandartes divinos, en armas la religión verdadera. Nuestros dioses, la luz y la vida. Los ajenos, sombra eterna, aliento fétido del demonio. En boca de dioses pusimos discursos para bendecir la sangre vertida, la esclavitud del extranjero.
¿Sabes de dónde venimos? Mira hacia atrás y verás -prietas las filas, banderas al viento- la patria sagrada. La patria humillada tornará triunfante, ¡la vida por ello! Monstruos de acero vomitando fuego. Enjambres de aviones atronando el cielo un segundo antes de empezar el bombardeo. Un hongo que incendia las nubes, la luz cegadora, la muerte industrial a destajo. Nosotros, hijos de la eterna y gloriosa nación, heraldos de la virtud, signo de los nuevos tiempos. Ellos, el enemigo, la encarnación de la maldad universal, nada más y nada menos.
¿Sabes hacia dónde vamos? Dime cómo ves el incierto futuro; la mano en el corazón, no te muerdas la lengua. Cuéntanos ahora lo que -desde este hoy de furia, rapiña y violencia- aciertas a adivinar. Mejor estar sobre aviso, aunque anticiparlo duela.