
La poesía es un arma cargada de futuro, tronó el poeta social. La poesía es un martillo, rebajó el contenido otro de la misma cuerda que no apuntaba tan alto. Después de Auschwitz escribir poesía es un acto de barbarie, reprendió el filósofo airado, maldiciendo los poemas sobre los tiempos oscuros. Poesía eres tú, terció el romántico que, en la realidad prosaica, trataba de tirar los tejos a un amor inaccesible. Embriagaos sin cesar con vino, poesía o virtud, sugirió el poeta maldito con la mirada borrosa, mientras tomaba de un trago la quinta absenta del día. Poesía es usar símbolos para rozar lo absoluto, nos informó el simbolista, dejándonos con la duda de qué será lo absoluto y si admite rozaduras. Poesía, poesía... A mí, las ideas claras, rezongó el racionalista -riguroso y estricto-, antes de zanjar el tema con un sonoro ¡bah!