Escritores

Se achaca a los escritores una vanidad insoportable. Que su narcisismo es un pozo sin fondo es un lugar común. Dicen las malas lenguas que el viaje fundamental de su vida lo hacen alrededor del propio ombligo y que luego ¡para colmo! van y te lo cuentan. Encima lo llaman autoficción y el palabro les hace sentirse importantes.
Uno no sabe si estas suposiciones son otra leyenda urbana o responden -en cierta medida- a la realidad. Me imagino que entre los escritores los habrá de toda clase y condición. Escribir no tiene nada de especial. Lo hacemos todos, aunque lo de dar a leer a otros lo que escribimos… bueno, sospecho que eso querrá decir algo.
El mejor relato que conozco sobre la insufrible vanidad de los escritores (de algunos, digamos para evitar suspicacias) es un chiste. Y eso es lo que voy a contar ahora.

El conocido novelista R. se encuentra en la calle con su viejo amigo E.:
-¡Hombre, E., cuánto tiempo sin verte! Habrán pasado… ¡tres o cuatro años por lo menos!
E. trata de decir algo, pero R. no le da tiempo:
-Sí, hombre, tres o cuatro años, con certeza. Lo sé seguro, fuera de toda duda. En aquella época estaba en plena crisis creativa, lo recuerdo perfectamente. Varios meses perdidos, no me salía nada de nada. Escribía y era pura basura, para tirarlo después. Cuando nos vimos, había salido a pasear, desesperado, a ver si se me aclaraban las ideas. Tres o cuatro años llevábamos sin vernos.
E. hace un gesto con la mano para intentar añadir alguna precisión.
-No, no, no -le corta R. de inmediato-. Muchas gracias. No tienes de qué preocuparte. Ya lo he superado. Totalmente superado, de verdad. Esa mala época quedó atrás, por fortuna. Ahora… ahora estoy en un gran momento creativo. Bueno creativo y de disciplina, ya sabes lo que se dice: que cuando lleguen las musas te encuentren trabajando. Eso hago yo, con disciplina espartana, siete horas al día sentado ante el papel. Bueno, el papel el papel… es una forma de hablar: delante del ordenador. También cambié eso, el ordenador me permite más flexibilidad y un número ilimitado de correcciones. Y sí, soy un obseso de la corrección, ya sabes, no daría nunca por terminado un texto. Menos mal que llega la hora de publicar y no te queda otro remedio. Así termino mis obras, obligado. Porque en caso contrario…
E. sacude la cabeza y abre la boca tratando de intervenir.
-Claro, claro. Por supuesto. Estoy de acuerdo contigo. Plenamente de acuerdo. Un lenguaje elaborado es la base de mi estilo, una síntesis superadora de la riqueza expresiva y la exactitud del pensamiento. Matemáticas y arabescos. Todo bien pulido y trabajado. El universo propio que he ido construyendo a lo largo de los años no hubiera sido posible sin cuidar cada mínimo detalle. En los detalles se esconde el diablo, más aún en estos tiempos en que se discute si todo lo que había que decir está ya dicho. Claro que no. Yo todavía… siento que me queda mucho que aportar. Pero mucho mucho. Estoy en mi mejor momento. Verás, se rumorea que…
E. logra, al fin, introducir una palabra en el hasta entonces monólogo:
-Pues…
-Pues claro, pues claro, así es. Veo que estás bien informado. Ya te has enterado de que, según fuentes solventes, mi nombre está en todas las quinielas para el Nacional de Narrativa. Aunque ya sabes… Manos negras moviendo los hilos, como siempre. Demasiada envidia. Alguien cercano al jurado me confesó que si de méritos literarios se tratase no cabría ninguna duda. Pero claro, están las editoriales, cada una tratando de llevar el agua al molino de sus propios autores. Y luego la mediocridad, no vamos a engañarnos. Hay quienes prefieren dar el premio a cualquier medianía. No quieren que un premiado con una obra de excelsa calidad contraste con la vulgaridad reinante entre los escritorzuelos de hoy en día. Está por ver, está por ver, pero yo aún desearía poder creer que hay justicia.
R. respira, hace una pausa y se quita unos instantes las gafas para limpiarlas. Suspira. Se las vuelve a colocar. Retoma después el hilo:
-Pero bueno, pero bueno… ya hemos hablado bastante de mí. Hablemos de ti. ¿Has leído mi última novela?

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