Mais il est bien court le temps des cerises.
Jean-Baptiste Clément
Hubo un tiempo
en que viajabas sin herida,
el aire era ligero
y la sonrisa, cierta.
Estación de estreno
en que brotaba la vida
cuajada de sueños
imprecisos, frágiles;
el viento en la espalda,
la esperanza abierta.
Los años, livianos,
fluían sin peso.
Vuelo ágil,
libre de cadenas.
Canción del inicio,
página en blanco,
cuaderno sin manchas,
región de promesas.
Búsqueda incansable,
recorriendo calles
con paso impaciente.
Un grano de arena
sumaba un tesoro
en playas infinitas.
Montañas de piedra
al sol del poniente
bajo un cielo rojo.
La sombra era solo contraste
para que la luz brillara
mucho más viva e intensa.
Ese tiempo de lo nuevo
en que la idea de final
parecía... ¡tan ajena!
Un largo camino
-jirones de niebla-
y aún llega el eco
de aquel tiempo de cerezas,
cuando viajabas sin herida,
el aire era ligero
y la sonrisa, cierta.
Así, al menos, recuerdas.