Black Alien: antes monstruo que invisible

Un joven francés de cuyo nombre real no quiero acordarme ha decidido transformar su propio cuerpo hasta alcanzar la supuesta apariencia de un alien. Supuesta digo, porque a los aliens solo los conocemos por las películas y las versiones sobre su aspecto no siempre son coincidentes. Salvo que el protagonista de esta historia maneje información de primera mano, claro.

Hasta ahora se había hecho operar la lengua para hacerla bífida, cortado las orejas, tatuado todo el cuerpo de negro simulando escamas -incluyendo los globos oculares-, insertado numerosos implantes en la cabeza para alargar el cráneo…

Acaba de anunciar en su cuenta de Instagram su última hazaña: la amputación de dos dedos de la mano izquierda para que de ese modo parezca una garra alienígena. Afirma que su transformación solo está al 34%. O sea, que piensa seguir adelante. Aún no se da por satisfecho, aunque su aspecto actual sea ya francamente desagradable.

La cirugía estética está muy extendida entre nosotros. A veces se trata de reparar los daños causados por enfermedad o accidente. En otras muchas se utiliza para aproximarse a un modelo de belleza deseado: extracción de grasas corporales, implantación de senos artificiales -o reducción-, estiramientos de piel, ruptura del hueso nasal para rehacerlo al gusto, inyecciones de toxinas para disimular arrugas, implantes capilares o que marcan los labios, lijado de mandíbulas, prótesis para realzar los pómulos y un largo etcétera. Intervenciones todas ellas que buscan mejorar la imagen del paciente. A sus propios ojos, en realidad, porque desde otras miradas…

Hay también quienes están yendo un paso más allá y utilizan la cirugía para insertarse chips, prótesis o imanes, buscando transcender de la especie humana, mejorarla con el implante de dispositivos electrónicos. Se consideran cíborg (o transespecie) y llegan a afirmar que la etiqueta de humano es opresora.

El de Black Alien es, desde luego, un caso extremo. El feísmo siempre ha tenido seguidores. Reconozcamos que hay distintas formas de belleza y que se la puede encontrar hasta en lo macabro. Pero los aliens han sido expresamente diseñados para provocar miedo y repugnancia. Tratar de convertirte en uno de ellos no deja de ser un curioso ideal estético.

Tampoco cabe duda de que lo de Black Alien es una forma radical de explotación del propio cuerpo para convertirlo en negocio: su cuenta tiene 748.000 seguidores y supongo que le permitirá vivir holgadamente de ello. Bueno, que cada cual utilice su cuerpo como le dé la gana, siempre que sea mayor de edad y esté en pleno uso de sus capacidades mentales. Aunque esto último… ¡A ver cómo y quién lo certifica!

Pero creo que el ejemplo de Black Alien presenta un flanco todavía más inquietante. El ser humano es un animal social y desde siempre ha necesitado de la mirada de los otros. En la actualidad, esa necesidad se está hinchando y evolucionando hacia un narcisismo delirante. Los medios digitales y las redes sociales sirven de instrumento y caja de resonancia. Hemos creado una sociedad de adolescentes perpetuos. Todo el mundo quiere ser un bote de Colón para salir en la televisión. Los cinco minutos de fama se exigen como si fueran un derecho. La invisibilidad se considera lo más terrible que nos puede pasar en esta vida. Estamos dispuestos a cualquier cosa para evitarlo.

Al precio que sea, incluso si para conseguirlo debemos transformarnos en monstruos o mutilar nuestros cuerpos. Antes monstruos que invisibles. Eso sí que da miedo.

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