Matrimonio perfecto

Encajábamos los dos
como piezas de colores
en un Tetris amañado.
Componíamos un lienzo
de textura tan exacta
que nada se echaba en falta.
Llegaron luego tres hijos
añadiendo acordes nuevos
a la nupcial armonía.

Era todo tan perfecto…
Lo debí sospechar antes.

Al cabo de treinta años
descubrí que me engañaba:
se encerraba en nuestro baño
para escuchar a Perales.
¡La pervertida!

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