
Me miras, me dices: La vida es una película mediocre de la que ya nos sabemos el final. Quizás no tengas buen día, igual no has dormido bien, tal vez te desvelaron las noticias. En estos tiempos que corren, antes de leer la prensa tienes que ponerte el casco y contar hasta cincuenta si vas a encender la radio. Es posible que lo oyeras hace poco en cualquier sitio y de un tirón lo recites como si fuera un conjuro. Es mejor pecar de duro que desbarrar por ingenuo, aunque la frase repita algo que ya conocemos. Pudiera ser que estés triste. El invierno se hace largo y son muchos los amigos que se fueron sin comprar billete para el regreso. ¡Qué pésima educación no presentarse de nuevo! Desdichados los adioses cuando se saben eternos. Hacemos sitio al silencio. Dejamos que corra el aire. Liamos un cigarrito. El ritual de encenderlo, la pausa reconocible. Mientras se dilata el humo el mundo se recoloca, sus dimensiones se ajustan a las medidas humanas. Al latido del sosiego gana terreno el olvido: el pasado y el futuro se resumen en las brasas.