
Qué fue de los días azules, ebrios, de antiguos veranos. El tiempo pausado, eternas las horas que abrían las puertas de reinos perdidos. De mármol, las olas; de plata, tu llanto. Dulces lágrimas al viento. De verdad, ¡te quise tanto...! Promesas de gloria tendidas al sol perezoso. Tu risa me hablaba de ríos salvajes fluyendo hacia tierras abiertas. Sueños sin cadenas, fiebre de esperanza. Fuimos inmortales aquellos momentos. Un círculo en llamas resguarda el ayer del conjuro de sombras. Bosques encantados sortean las trampas de la desmemoria. Todo lo pasado sigue estando aquí. Nada pasa y nada queda. Tiene razón el poeta, aunque se mire al revés.
Me hace sentir en esa atmósfera de tanta añoranza y a la vez de completud…
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